La escritura y el compromiso con la maternidad, por Sonia M.Martin


En muchos trabajos académicos se han preguntado  qué habría sucedido con la obra literaria de Shakespeare, si éste hubiera sido mujer y madre. No lo dudes, aunque  no los hayas leído, esta obra tan interesante no existiría.

También se ha escrito mucho sobre la existencia y modo de vida de las hermanas de Cervantes, y aunque féminas muy fuera de su época, tampoco habríamos conocido las plumas de estas mujeres, por osadas y desvergonzadas que nos las muestren, si ellas hubieran sido madres y hubieran tenido la más remota ilusión de ser escritoras,  como su conocido hermano. 

Si tuvieron o no tuvieron talento literario, no lo sabremos jamás, porque mujer, escritura y maternidad no han acompañado jamás a las plumas femeninas de ninguna época y menos en el siglo cervantino. Aunque primero tendríamos que escribir un poco sobre el manido y socorrido instinto materno. ¿Realmente todas las mujeres tenemos instinto maternal? No. Claro que no. Tema para largos artículos y en éste que nos han encargado a nosotras, nos lleva por otros caminos de la maternidad: la de la mujer escritora y madre. O sea, la escritura y el compromiso de la maternidad.

El Club de Tobi
Parece una simpática broma que de cuando en cuando se usa para mostrar los lugares, profesiones o cosas que no podemos o no podíamos hacer las mujeres. Sólo para hombres o sólo para varones. En este caso, pues escribir y publicar. Porque una cosa es escribir y guardar lo que se escribe y otra muy distinta es tener la oportunidad de ser editada, promovida y publicitada. ¡Total! si hasta hace poco no teníamos alma, quién va a pensar que tenemos cerebro y menos talento para escribir. Esto, es cosa de machos. La sensibilidad femenina no cubre esta parte del cerebro, que es solamente patrimonio del Club de Tobi.

Las editoriales del pasado y muchas otras también en el presente, tienen un letrero con tinta invisible que dice  sólo para hombres  y así fue como muchas mujeres en la antigüedad -no tan antigua- escribieron con el nombre de sus esposos o amantes.

El compromiso de escribir y el socialismo feminista
Amandine Aurore Lucie Dupin, baronesa Dudevan, nació en París en 1804 y murió en Nohant en 1876. Nosotros la conocemos mejor  como George Sand. Con este nombre fue famosa en su época, tanto por su obra literaria, como por sus aventuras amorosas. 

George Sand  demostró que la escritura y el compromiso con la maternidad no iban con ella. Se casó a los 18 años, tuvo dos niños y a los nueve años de matrimonio, se fue a París a vivir con el escritor Jules Sandeau, de quien tomó el seudónimo con el que empezó a publicar. Era en ese entonces el año 1831 cuando abandonó a su marido y a sus hijos para participar con un grupo de distinguidos artistas como Balzac, Lizst y otros. Escribió junto con su amante dos novelas y se firmó por  un tiempo como Jules Sandeau. Al publicar su primera novela, Indiana, (1832) cambió  su nombre definitivamente a George Sand. Igualmente cambió los complicados vestidos femeninos  de su época, por el sencillo atuendo masculino que le era más cómodo y  barato, según sus propias declaraciones. Esta mujer liberada y liberal, fue famosa en su época y publicó con gran éxito. Fue amante de Musset, Didier y Gransagne. Su relación afectiva más importante fue con Frederic Chopin, a quien le cerró la puerta del dormitorio en la nariz, cuando se dio cuenta que no la dejaba escribir todo lo que ella necesitaba expresar en su obra. Cada día, mientras ella no hubiera escrito al menos 20 cuartillas a mano, no le abría la puerta del  dormitorio  y no hablaba con el músico. Ella nos muestra vivamente que sí existe en las mujeres el compromiso de escribir más allá da la maternidad, el amor y la pasión.
También tuvo compromiso con el socialismo  de la Revolución Francesa de 1848.

Sidonie Gabrielle Claudine Colette y el music-hall
Otro claro ejemplo es la también francesa  Colette, quien escribió una buena parte de la obra de su primer esposo, el escritor Henri Gauthier-Villars, quién firmó muy campante los libros,  sin mencionar a Colette, la que con el tiempo se separó del escritor, buscó el teatro  y el music-hall, como refugio y pasión de su vida,  para luego dedicarse a escribir con el conocido nombre de Colette. Igualmente fue famosa en su tiempo.  Esta autora no tuvo hijos o al menos en su biografía no figuran. Colette nació en Saint-Sauveur-en-Puisaye (Borgoña) en 1873. Murió en París en 1954. Larga sería la lista de las autoras de todos los tiempos y latitudes que podríamos nombrar y que dejaron todo por el compromiso de escribir. Pero más larga es la lista de quienes no han podido publicar mientras estuvieron ‘paridas’, ‘criando’,  o bien ‘terminando de educar a sus hijos’.

La Hormona del Abrazo
Poco o nada se habla aún de esta hormona –oxitocina- que se emite cuando una está recién parida o al terminar de hacer el amor. En este artículo sólo me referiré a esta hormona en relación a la recién parida. De ahí que vienen los dichos, ‘parece yegua parida’, ‘gallina con pollos’, ‘loba con cría’ y mil cosas más para calificar esta sabia respuesta de la naturaleza para la hembra recién parida o quizá el primer año de parida.  Toda mujer segrega esta hormona como protección al recién nacido. Sin embargo, es igualmente muy poco comprendida por la sociedad y en especial por el esposo, quien se pone celoso del bebé porque su mujer sólo tiene ojos para el recién nacido y a él ya no lo toma en cuenta. Se fue la amante,  para venir la madre, la que realmente no tiene compromiso con la escritura. Nuestra naturaleza es más fuerte que el compromiso de escribir.  En mi vida de feminista y editora de revistas feministas, jamás escuché o leí      que una recién parida dejara a su bebé para escribir un libro. La depresión post-parto y la Hormona del Abrazo, son dos temas de gran importancia en la vida de la mujer y poco se conoce de estos fenómenos que realmente son parte de nuestro  equilibrio ecológico. Quizá los últimos años, se habla algo más de la depresión post-parto, pero  poco o nada de la Hormona del Abrazo.

El compromiso de escribir…
Será, aunque sea en la mesa de la cocina, me han dicho muchas autoras, o bien sobre la propia cama, pero tengo que escribir…
He perdido la cuenta en mi vida de periodista y crítica literaria, de cuántas autoras entrevisté que me contaron cómo habían iniciado su vida de escritoras, pero recordaré a algunas que en este momento se me vienen a la memoria.

Fue en el año 83 que recibí un importante premio periodístico que me llevó a Europa y estando tan cerca de España, pues pasé a investigar un tema que en ese momento me apasionaba: la literatura erótica femenina. De este modo llegué al Playboy de España, en donde me dieron nombres de escritoras pornográficas y también de autoras eróticas. Sin embargo, la sorpresa me la llevé en Tusquets Editores, en donde la relacionadora pública me dijo ‘sí, tenemos a una escritora erótica y creo que es latinoamericana, argentina”. Y sacando un inmenso libro, encontró los datos de Susana Constante –1944- quien ganara en 1979,  el Premio La Sonrisa Vertical, con su libro La educación sentimental de la Señorita Sonia. Mi entrevista con Susana es muy sabrosa y jamás la olvidaré, justamente por ser la autora una bella y joven mujer, sencilla y sin nada de sexy. Me contó entre otras cosas, lo siguiente: ”me vine a España perseguida por los militares de mi país. Dejé a mi madre quien, consciente de su compromiso político, no se quiso venir conmigo a España, aunque sabía que la podían matar. Tengo dos niños pequeños. Llegué destrozada a Barcelona, pensando en la vida de mi madre. Escribí mi libro entre los juegos de mis hijos, mis quehaceres caseros y la terrible depresión del cambio de país, el exilio y todo lo que esto significa. Levantaba la mesa del desayuno y ponía la máquina de escribir. Empezaba mi trabajo, mientras tenía que levantar las piernas y los pies a cada rato, con los juegos y juguetes de mis hijos. Así escribí La educación sentimental de la Señorita Sonia. Terminé el libro y me olvidé de él. Tenía demasiados problemas para preocuparme de su destino, más importante eran mis hijos y el sobrevivir en un país nuevo para mí y mi familia. Mi esposo lo llevó al concurso de Tusquets sin comentarme nada  y gané el premio sin saberlo”.
Juzguen ustedes si Susana tenía o no tenía compromiso con la escritura y con la maternidad.

Noche en vela
Es el título de una de las tantas novelas de Rima de Vallbona, escritora  nacida en San José de Costa Rica. A esta escritora le hice una entrevista de más de 20 horas, ya que su larga trayectoria académica y literaria lo ameritan.

Pero ella es una de las autoras que más admiración me han causado por su lucha para lograr sus éxitos académicos y literarios. Casi nadie habla o escribe sobre Rima. A nadie se le ha ocurrido nombrarla para el Premio Cervantes por la magnitud de su obra. No obstante, la historia de Rima es la de la mujer que nació con la escritura y el compromiso de la maternidad. Se casó con un médico español que trabajaba en Texas y con él tuvo cuatro hijas. En un país como Estados Unidos, cuyo sistema de vida no reconoce a la empleada doméstica, Rima se las arregló para ser madre, académica, estudianta, escritora y amante esposa de un gran y exigente machista.

¿Que cómo lo hizo? Es interesante escuchar a Rima en esta larga entrevista que le hice. Para este artículo nos basta saber que ella sí supo de este compromiso con la escritura y la maternidad. Pero es bueno comentar algo de su vida académica. Ha formado parte del claustro de profesores de la Universidad de St. Thomas (Houston, Texas) desde el año 1964. A partir de 1989 se le otorgó el rango de Catedrática de Español de la Fundación Cullen y al jubilarse en el verano de 1995, se le dio el título de Catedrática Emérita.

Su obra académica y de ficción son muy importantes para la Literatura Latinoamericana. Mujer de gran talento, Rima en lo personal me impresionó por la vida que llevó para poder escribir y no así para publicar, porque en este aspecto, esta autora costarricense tuvo respuesta favorable desde sus primeros libros con sus editores. Sin embargo, su obra en nuestros países casi no se conoce y qué decir en los Estados Unidos, no la he visto en librerías aunque sus libros continúan editándose, así como ella publica nuevos títulos cada cierto tiempo. Otra vez es el lector o la lectora, quien debe juzgar si en esta autora la escritura o el compromiso con la maternidad fue más fuerte.

La madre de Paula
Fue un día cálido de noviembre, que crucé con Carolina Moroder, mi hija escritora y periodista, el puente Golden Gate, para llegar a Corte Madera a una librería de la zona  a encontrarnos con la madre de Paula. Llegó puntual como siempre, puesto que esta mujer y madre es muy cortés con la prensa. Venía sin maquillaje, apurada, pálida y con olor a medicamentos. Nos saludó muy cariñosa, ella es chilena como mi hija y como yo. Nos sentamos en una mesa a tomar café y ella nos dijo “ les di la entrevista, pero lo que les voy a contar no quiero que mis lectores lo sepan todavía. Estoy muy mal, porque mi hija Paula está en coma desde hace un año. Vivo sólo para ella. No puedo escribir…”

El resto de esta historia no es necesario contarla, Isabel Allende la ha contado más de mil veces, mejor de lo que yo podría hacerlo. Aunque Isabel Allende pronto publicó su biografía, Paula, en el período que le tocó ser madre de Paula enferma, ella solamente tuvo un compromiso: ser madre. Es verdad que muy rápidamente escribió su libro Paula, su mejor libro. Como crítica literaria pienso que con Paula, Isabel comenzó a ser realmente una gran escritora. Una autora como todo artista que tiene buenos y malos libros, pero con Paula fue madre y también escritora. Estimo que cumplió perfectamente bien con el lema: la escritura y el compromiso de la maternidad.

Mi hija la escritora, mi nieta la escritora y Daniela
Carolina y yo creamos el webzine Daniela, una mujer sin fronteras, porque queríamos trabajar las dos, mas una de nosotras se tenía que quedar en la casa para cuidar a Gabriela que había nacido hacía poco tiempo. Así fue como iniciamos este proyecto de un magazine feminista y bilingüe, español-inglés, aunando nuestras profesiones estudiadas desde diferentes perspectivas. Yo estudié en Latinoamérica periodismo y Carolina en los Estados Unidos. 

Luego de un estudio de mercado, decidimos que las mujeres hispanas no tenían quién las representara y así nació Daniela. El nombre se lo puse yo “democráticamente”, pues recientemente había nacido mi segunda nieta, Daniela, que es venezolana. Y tanto Carolina como yo, luego de vivir en Venezuela muchos años –y  también en otros países- llegamos a la conclusión, que las venezolanas son feministas natas, en algunos aspectos. Así, llegamos a ser pioneras en la Internet con este estilo de periodismo y con nuestro webzine. No obstante, lo más importante de este proyecto, era el compromiso de la mujer para lograr sus metas profesionales, sin abandonar el compromiso con la maternidad. Ese era nuestro leitmotiv.

Logramos nuestras metas, no sin antes sacar fotos en camisa de dormir junto a  Gabriela en pañales o en pijama, jugando entre las computadoras, los archivos, mientras Carolina y yo teníamos una reunión de trabajo a las diez o doce de la noche o a las siete de la mañana, mientras Gabriela era amamantada por su mamá. Aclaro que en ese entonces yo vivía en la casa de Carolina con mi esposo, lo que nos facilitó ciertas cosas. Las mañanas y las noches,  eran parecidas, ya que entre pelar verduras, hacer camas y comida o lavar ropa, teníamos nuestras serias y sesudas reuniones de entrepreneur femeninas, cuyas metas eran entender cómo una madre puede editar una revista  o periódico, escribir, entrevistar, cuidar los niños, la casa, trabajar y ganar dinero al mismo tiempo. 

Quizá  algún día escribamos nuestra historia completa, ya que pasaron muchas cosas que por ahora no las escribiré, pero algunas se las contaré en estas páginas. Se unió a nuestro grupo una periodista mexicana, Guadalupe Bellavance. Ella estaba recién casadita y venía con todo el ímpetu de desarrollar su carrera en la Unión Americana. Pronto ella también estaría embarazada, así es que hicimos un buen equipo. A este staff de locas madres decididas a romper fronteras –por algo se llama el webzine ‘una mujer sin fronteras’, se unió Lorena Wolfman, quien nos embarcó en la aventura  de la red y ella fue nuestra Editora en Internet. 
Lorena era soltera y una de las pocas mujeres webmaster en la red de aquella época. La historia no terminó bien. Lorena se casó y ella asumió todo el compromiso matrimonial de su nueva familia y no pudo seguir con Daniela. Carolina se quedó embarazada de su segundo niño y Guadalupe que ya había tenido una niña en el transcurso de esta aventura de Daniela, una mujer sin fronteras, ahora estaba embarazada otra vez. De ser Jaca Negra/Daniela en nuestro url, cambiamos a Daniela Web Press,  en donde sólo tenemos un webzine y todos los otros que se publicaron en Jaca Negra, se perdieron…la maternidad no nos permitió seguir con este webzine que fue modelo pionero en la Web del periodismo feminista bilingüe español-inglés. 

De esta aventura podemos decir todas, que fuimos un excelente equipo que disfrutó con el trabajo que realizábamos cada una y nos  sacrificamos todas con la mayor alegría y sabemos que se puede lograr la meta, pero se necesita algo más que amor y mística para el periodismo, la web y la familia. Aún recuerdo los celos de Robert, esposo de Guadalupe, cuando teníamos que hablar y hablar por teléfono por una entrevista o editando un artículo a las once de la noche o más tarde aún, cuando ellos estaban hacía muy poco tiempo casados o cuando Alejandra, la primera niña de ambos, necesitaba para dormir a su mamá… Siempre le dimos las gracias a Robert, Juan, Romeo y José –nuestros esposos- por la paciencia y el apoyo que nos dieron en aquellos años. No fueron ellos el impedimento, fue el compromiso con la maternidad y el dinero que nos hizo falta para desarrollar mejor el proyecto. Los bancos no hacen prestámos a mujeres con compromisos de la maternidad, ellos son como las editoriales para publicar a las escritoras.

En lo personal, creo que tanto Carolina como yo sacamos algo muy positivo y que nos llena de orgullo. Carolina tiene una hija escritora, Gabriela, quien siempre se saca premios literarios en su colegio y yo disfruto con orgullo por tener una nieta escritora. Creo que ella no tomaba leche del pecho de su mamá, sino que se alimentó con tinta y letras de molde;  nació con la pluma en la mano y es ya una pequeña escritora quien escribe sus novelas y cuentos desde que tiene siete años. En estos momentos ella proyecta una obra de teatro. Gabriela muestra que tiene un compromiso con la escritura que nace de ella sola, talento literario y un gran futuro en su país de nacimiento como escritora.

Mis circunstancias y las de  Carolina
Tengo que escribir primero mis circunstancias y luego las de Carolina, porque yo soy su mamá y empecé a escribir antes que ella. Como mis nietos, Elke, Daniela, Gabriela y Juan Francisco, y también Carolina,  yo empecé a escribir a los siete años. Escribí cuento, poesía, narrativa y teatro, el que escenificaba con unos amigos sobre un  banco de cemento que era parte del comedor de verano  que había en el jardín de la casa de mis abuelos, en Chile, en donde yo crecí. Como era un comedor de cemento teníamos que adaptarnos para tener escenario y asientos para el público. Poníamos un cordel entre dos árboles y yo le  robaba a mi madre o a mi abuela, una sábana para hacerla de telón. Allí se presentaron mis primeras obras de teatro en las que fui dramaturga, directora y actriz. Obras las que nunca más se representaron en ninguna parte. Mi madre, escritora y poeta principalmente, me enseñó a amar el teatro, los libros y en especial la poesía. Pero aberraba de mis versos, aunque cada día, mientras ella me peinaba, me decía un poema de ella o de otro autor y yo debía contestarle con mi propio poema. Siempre terminó mal este taller poético, porque a mi madre no le gustaba mi poesía. Ella era romántica y siempre me reprochó en mi infancia de ‘escribir’ como Neruda y Tagore, poetas que a ella jamás le gustaron… Con los años, en el colegio en Chile, me enteré  quién era Pablo Neruda, con quien mi madre me comparaba; y por mis lecturas personales, supe quién era Tagore. Aún veo el dedo acusador de mi madre a mis escasos dos o tres años, cuando me decía “¿de dónde sacas esas poesías como las de Neruda y Tagore?…” En verdad que no tengo idea de dónde salían. Lo que sí tengo muy en claro, es que jamás me consideraré una poeta, aunque escribo poesía y hasta tengo dos libros publicados. Uno cuando aún no sabía “escribir” y que mi madre publicó con los poemas que yo le decía mientras ella me peinaba y el otro que publiqué en Estados Unidos, dedicado a mis nietos. Este libro en especial se lo escribí a Elke, mi nieta mayor y   se titula La Carroza de Cristal.

Escribí y escribí en un Chile de los años ´70 que fue mi generación, en donde no tuve cabida en las editoriales por un lado, sólo por el hecho de ser mujer y expresarme de otra manera. La maternidad en su momento fue un impedimento para mí solamente durante la época de la Hormona del Abrazo. En mi vida tuve la suerte de tener tres mujeres, más o menos de mi edad, que trabajaban en mi casa de la cual yo me pude despreocupar, pero aun así, con el apoyo por un lado de Alicia, que hacía de dueña de casa y  de su hermana Lucila, la niñera y de Isabel, que era la niña de mano, la maternidad y luego los niños en el colegio, no son precisamente un regalito el cual uno deja en cualquier parte. Las obligaciones con el dentista, el oculista, las clases de danza, de deportes, las clases particulares, las clases de piano, los cumpleaños propios y de los amiguitos, no dejan espacio para escribir. Sin embargo, recuerdo que pude escribir cuentos y cuentos, teatro y ensayos, además de mi manía de escribir poemas en todas partes. Mientras estudiaba arte y ya mis hijos eran escolares de todo el día en el colegio, un día le mostré a mi profesor de pintura un ensayo sobre el amor. El maestro se  fascinó con este ensayo y así me acostumbré que cada vez que iba a clases llevaba ensayos o cuentos que hicieron el deleite de mi profesor de pintura y de mis compañeros de clase. Pero de editar, nada. En esa época vino el Golpe Militar en Chile y mis proyectos como autora quedaron en la basura. En especial en mi caso, que siempre he sido una autora comprometida. Hasta en mis cuentos o novelas en donde escribo muchas veces con humor e ironía, el compromiso político para mí era y es primordial. Quizá porque en mi época si no escribías como Sartre o Camus, no eras autor/a y nadie te tomaba en cuenta. Y así fue también como llegó a mis manos un novela de Simone de Beauvoir, Memorias de una joven formal. Esta novela me dio aliento para escribir sin pensar en Sartre y aun escribiendo con compromiso, escribir con mi propio lenguaje y puntos de vista de mujer. Gracias, Simone.

Vivir sin Chile o vivir con Pinochet
Elegí vivir sin Chile y al tomar esta decisión, como muchos autores y autoras sureñas, producto de la Guerra Sucia de nuestro continente, nuestras plumas tuvieron que guardar silencio, mientras el país que nos dio albergue nos daba espacio en sus editoriales. De esta manera es que un día llegué con una novela bajo el brazo a conversar con el director del Centro Rómulo Gallegos en Caracas, Venezuela. En ese momento era su director el escritor Oswaldo Trejo, hombre cincuentón que recientemente había publicado en Monte Ávila Editores una noveleta de la que no recuerdo el nombre. En ese momento de mi vida, yo estaba lejos de la cuarentena, pero Trejo me dijo que yo ya era muy vieja para publicar un primer libro como era ése que llevaba en mis manos. Así es que partí con mi manuscrito bajo el brazo, editorial por editorial y la respuesta era ”¿por que no publicas en Chile?”, esto no tiene nada que ver con Venezuela”.

Confundida entre maternidad, problemas de género, nacionalidad y política, mi generación de escritoras se las vio con muchos problemas para escribir y publicar, yo fui una más de esta generación. El exilio no solamente fue político, sino que interior también.

Una vez más, la escritura y el compromiso de la maternidad
Aunque mi corazón es venezolano, dejé el país tropical cuando la más pequeña de mis hijas me dijo que estaba embarazada. De esta manera mi esposo y yo decidimos que la familia debería estar junta y nos vinimos a California con nuestras hijas casadas aquí. Así llegó Elke al mundo y yo me dediqué a cuidarla como si fuera mi hija, al tiempo que en las noches escribía y escribía. Luego fue mi otra hija quien se quedó embarazada y el cuento siguió con Gabriela. 

Además mis dos hijas, luego  terminaron sus postgrados embarazadas de sus segundos hijos y ambas tuvieron sus bebés con tres días de diferencia. Como pude ayudé a la crianza de Katja y de Alejandro, que ya tienen cinco años. Y en todos estos  años no me ha sido sencillo escribir y tratar de promocionar mis libros, mi compromiso es una vez más con mi maternidad. Siempre fui una autora nocturna, escribo de noche, en donde encuentro la paz y el silencio que el día no me permite, pero no sé si es que me acostumbré a escribir a estas horas porque los niños ya están durmiendo y como les dije siempre a mis hijos y nietos, “niños estoy creando, no estoy haciendo longanizas, por favor déjenme tranquila y sola”. En Caracas me acostumbré a poner un letrero en la puerta de mi estudio que decía: “No molestar”. Mis hijos en esa época eran adolescentes y ese letrero los sujetaba de ir a cada rato a preguntar algo diferente. También fue el ‘detente’ de mi esposo y de las mujeres de servicio. Simplemente no atendía a nadie cuando este letrero estaba en el pomo de la puerta de mi estudio.

Ahora, en mi casa, sola con mi esposo, también trabajo en horario nocturno, porque durante el día no tengo paz para crear; la escritura y el compromiso de la maternidad para mí, feminista convencida desde la cuna, es una realidad. Sufrí la Hormona del Abrazo, la depresión post-parto y soy una madre estilo judeo-española, en relación a mi maternidad. Para mí la maternidad y el ser abuela es un compromiso tan potente como escribir. No he sido como Rima de Vallbona a quien admiro, pero sí me di maña para escribir con hijos de todas las edades, con nietos y con el empeño de ser esposa y amante que es otro cuento aparte. No obstante todos nuestros obstáculos, creo firmemente en las escritoras y en sus diversos talentos literarios, que no son ni mejor ni peor que los masculinos, sino que diferentes. Viva esa diferencia que me permitió ser madre y abuela, además de darme la oportunidad de escribir como mi madre, mi hija y mis nietas, con una visión diferente del mundo.

Las dudas de Carolina y su eterno cansancio
Esperé a Carolina para escribir este artículo y hoy, finalmente, decidí escribirlo por mi cuenta. Como soy su mamá, puedo darme el lujo de decir que es una escritora de gran talento, pero que su compromiso con la maternidad no le permite escribir. Su día es entero para sus hijos y su casa, auque yo también de alguna manera soy parte de sus obligaciones. Manejar durante todo el día llevando a sus niños o al colegio o a los campos de verano en esta temporada o las clases de karate que cada niño la tiene a una hora distinta y en días diferentes, al dentista y mil detalles más del compromiso con la maternidad, que  aún no le permiten abocarse a su compromiso con la escritura. Ella cuenta que tenía siete años cuando despertó de un sueño en donde supo que sería escritora… Y sabe que eso será así… Le pican las manos el día entero de ganas de escribir, pero llegada la noche ya no ve de cansancio y se duerme rendida con su compromiso materno.

Todo mi apoyo maternal y de abuela dispuesta a todo para que ella escriba, no son suficientes para darle espacio a la escritora que hay en Carolina, es más fuerte su compromiso con la maternidad… Opinen los y las lectores/as si realmente existe este conflicto de la mujer con la escritura y el compromiso de la maternidad.

© Sonia M.Martin




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