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Los Años Intensos de Fernando Alegría, por Sonia M.Martin y Carolina Moroder


Fernando Alegría y Pablo Neruda



Fernando Alegría ha estado en Chile siempre. Algunas veces deja sus libros mientras vuelve como ahora. El Tercer Congreso de Culturas Hispánicas organizado por la Facultad de Filosofía y Humanidades del Departamento de Literatura de la Universidad de Chile lo tiene como expositor de la segunda parte de su libro La novela chilena del exilio interior. O sea, lo que sigue a lo que esta entrevista, realizada en Estados Unidos, entrega.


Fernando Alegría, es uno de los mejores escritores y críticos de literatura latinoamericana, su obra ha tomado tal trascendencia que la Academia de la Lengua Hispánica de Norteamérica, lo ha propuesto este año para el Premio Miguel de Cervantes, máximo galardón que un autor puede recibir en lengua castellana, por el conjunto de su obra. Abierto, franco y chispeante acepta nuestra proposición de pasar largas horas en una entrevista que le quitará mucho tiempo, no obstante cortés nos recibe a Carolina y a mí en su preciosa casa la que está situada entre las colinas de la Universidad de Stanford.

No hay que perder de vista que el autor vive fuera de Chile hace más o menos 30 años y que nosotras no vivimos en el país desde hace mucho tiempo. Tenemos pues un apego al chilenismo, al tiempo que una valorización por los recuerdos de nuestra tierra un tanto fuera de lo que podría ser una entrevista con dos periodistas que no han dejado Chile en todo este tiempo.

-El premio al que te postulan pone tu obra literaria y crítica nuevamente en el tapete cultural de nuestros países. Los muy jóvenes no saben mucho de tí –en algunos casos- en otros, muchos de tus libros están agotados y aunque nosotras sabemos que en tu novela Una especie de memoria, hay mucho de biografía, queremos escuchar de tus propios labios algunas cosas que son útiles para los lectores.

-Nací en Santiago, crecí, viví en barrios como los de la calle Dieciocho, la Avenida La Paz, Santos Dumont, el cerro San Cristóbal, el Parque Forestal, el cerro Santa Lucía. Esos eran mis pagos. Estudié en la Recoleta Domínica, allí hice la primaria y 4 años de la secundaria, después pasé al Instituto Nacional donde terminé la secundaria. En aquella época, en Santiago los barrios tenían características propias, y algunos eran muy hermosos, por ejemplo, Ñuñoa. Creo que Ñuñoa no ha perdido su identidad. La plaza Brasil, esas calles de la Alameda para arriba, República, Ejército, tenían su personalidad muy propia, muy característica. Recoleta y la Viñita y luego ese barrio que fue cambiando paulatinamente de carácter y que en un momento dado reunió a la colonia árabe en Chile, a los pies del cerro San Cristóbal. Luego, llega Pablo Neruda quien construyó allí una casa: fue la casa de donde salió su propio funeral. Es un barrio con carácter y con historia. Dos colegios de hombres: la Academia de Humanidades y el Liceo Valentín Letelier, y uno de niñas, el Liceo 4.
La persona que primero influyó en mí –literariamente hablando- fue don Mariano Latorre, quien enseñaba en el Pedagógico y en el Valentín Letelier. Ese barrio tuvo para mí una influencia muy grande, puso ritmo y sentido lírico, si ustedes quieren, en los años de la adolescencia. El Parque Forestal, de donde salíamos en bandadas en bicicleta, cerca de la famosa Fuente Alemana, que según el pintor Roberto Matta, nunca ha olvidado, por el marcado olor a orines que había en ella. Típico recuerdo surrealista de Matta. El barrio Independencia luego, identifica mi vida con la hípica, porque la Avenida Independencia era el camino de los hípicos hacia el Hipódromo Chile. Hubo personajes extraordinarios que yo conocí en ese barrio. La familia de Rohka, Pablo y Winet de Rokha. Sus hijos, José y Lukó, pintores; Carlos, poeta; Laura, escritora. En un tiempo nosotros vivimos en la calle Maruri, “la calle de los crepúsculos” que llama Neruda en un poema.
Cuando era estudiante en el Pedagógico, me topé con un grupo de gente que quise mucho, entre los cuales, hubo amigos muy leales a través de los años, por ejemplo Pedro de la Barra y Edmundo de la Parra. Pedro organizó el primer Teatro Experimental, cambiando la historia del teatro en Chile.
Entre las cosas que hizo fue crear un grupo musical cómico, que se llamaba La Orquesta Afónica, en el cual yo cantaba junto con personajes que hoy son famosos por diversos motivos. Además de Pedro actuaba con nosotros Carlos Nascimento, hijo de don Carlos George Nascimento dueño de la famosa editorial y librería Nascimento y Moisés Miranda, entre otros.
Tuvimos mucho éxito. Llegamos a cantar en los teatros más populares de Santiago y en las compañías de revistas. Cantamos en el Teatro Caupolicán, como se llamaba en aquella época. Recuerdo a los actores que aparecían en los programas en que figurábamos nosotros. Por ejemplo, la vedette Emperatriz Carvajal, la actriz cómica Olga Donoso; Monicaco, hijo de Rojas Gallardo. Es un recuerdo muy curioso e interesante para mí.
El año pasado cuando estuve en Chile fui a ver La negra Ester que me fascinó por muchas razones; desde luego es una obra que a mi juicio cambia la tradición teatral en Chile. No sólo por la poesía, las décimas de Roberto Parra, sino por el memorable trabajo del director, quien convirtió la obra en un espectáculo musical. Cuando fui a ver la pieza conversé con los actores, con el director y tuve un recuerdo intenso de los años que yo pasé en las funciones nocturnas de los teatros de barrios, ganando una experiencia riquísima que me ha servido para toda la vida. Fueron años interesantísimos, mi amistad con Pedro de la Barra es una experiencia que me marcó profundamente en la vida. Me encontré con Pedro a los años, muchos años después, en Chile, y en otros lugares; recuerdo cuando estuve en Caracas, él estaba viviendo en esa ciudad. Allí me contó la muerte de su hijo, quien fue baleado, como ustedes saben, en Santiago. Un año después tuve noticias de que Pedro estaba muy enfermo en Venezuela y que padecía de cáncer. Un día cualquiera se me ocurrió tomar el teléfono, llamé a su casa y me contestó una persona que creyó que yo era el médico. Me dijo:”Doctor, don Pedro pasó una noche agitada”, entonces le contesté:”Señorita, yo no soy el doctor de don Pedro; soy un amigo que lo está llamando desde los Estados Unidos para saber cómo se encuentra”. Me comunicó con Pedro, lo saludé y me preguntó:” ¿Por qué me llamas?” Le dije que había sabido por unos amigos que se encontraba enfermo. “No” –me dijo- “estoy más o menos, echándole para adelante. Hasta luego”. “Hasta luego”.
Murió al día siguiente. Pedro marcó mi vida y estas cosas aparecen narradas en mi libro Una especie de memoria. Y otras que van a entrar en otro libro que estoy escribiendo.

- ¿Qué opinas tú sobre la literatura erótica en Latinoamérica a través del tiempo y de este género en tu obra?

-La literatura erótica latinoamericana ha sido, en general, un pseudo producto literario. De pronto uno se encuentra hoy con obras de profundo sentido estético que no se olvidan fácilmente. No olvido por ejemplo un cuento que me produjo una impresión profunda y en el mejor sentido de la palabra, una impresión erótica. Escrito y publicado hace muchos años, es de un autor que en Chile no se asocia con este tema. Me refiero a Augusto D’Halmar y su cuento titulado En provincia. Quisiera que lo leyeran ahora en Chile de nuevo; que lo pusieran como modelo en los talleres de escritores y en las clases de literatura.
La literatura auténticamente erótica no es de difusión barata, con lo cual quiero decir, que los libros realmente eróticos se editan en ediciones muy pequeñas. Muy selectas. Muy cuidadas, y algunas son objetos de arte. Hay dos libros míos que pudieron clasificarse dentro del género. Los dos han sido publicados en Estados Unidos. Decálogo de los pastores, que es un poema de tradición pastoril, concebido en términos eróticos y expresado en forma surrealista. Yo llevé a Chile en la década de los 60 algunos ejemplares. Algunos años después se publicó un poema mío que se titula Instrucciones para desnudar a la raza humana, con ilustraciones de Roberto Matta. 
Le conté a Matta de qué se trataba el libro y le dije, “esta es mi contribución contra la guerra de Vietnam. Y quisiera que llevara ilustraciones tuyas”. Matta me contestó enviándomelas. Instrucciones para desnudar a la raza humana, no se conoce en Chile, pero ha sido traducido a varios idiomas en múltiples ediciones.

-Hemos leído en el libro Literatura chicana Texto y Contexto Chicano un cuento tuyo titulado: ¿A qué lado de la cortina? ¿Nos podrías dar tu opinión acerca de este curioso movimiento literario, que es único en su curioso bilingüismo, y en su forma de captar la vida?

-Escribí ese cuento en 1943 y se publicó en 1953. Lo extraño es que yo aparezca en una antología de literatura chicana. Históricamente hablando, mi cuento se originó en una crónica que escribí para la revista Ercilla. Se publicó en español y luego en inglés. El cuento que ustedes mencionan, lo que lleva en el fondo es una defensa a la juventud mexicana, chicana en Los Ángeles, a raíz de la persecución.

- ¿De dónde viene la palabra chicano/a?

-En la introducción del libro se habla de la difícil realidad de los Pachucos. Pachucos: la palabra Pachucos viene de Pasucos, los jóvenes que formaban las pandillas en El Paso, Texas. Chicano tiene que ver con mexicano. La letra s-h corresponde fonéticamente a una pronunciación indecisa en el siglo XVI. De tal manera que los españoles durante la Conquista de América, decían Meshico o México; algunas de estas pronunciaciones quedaron, como Xochimilco. De manera que así se forma la palabra Chicano.

- Tenemos entendido que el término no es peyorativo y son los propios artistas de este poderoso movimiento, quienes escogen el vocablo para autodenominarse. ¿Podrías nombrarnos algún escritor/a de este estilo que sea de tu preferencia?

-Uno de mis autores predilectos es Arturo Islas, quien murió hace dos años. Islas es autor de dos novelas, que forman parte de una trilogía, se trata de una novela autobiográfica, la historia de una familia en Texas, con un profundo sentido social, en que le da categoría a la problemática de los Estados Unidos; además contado por un hombre que nació con el don de narrar. Gran humorista, pero también un escritor que recrea un mundo dramático, trágico, no sólo de una familia, sino de la colectividad chicana en los Estados Unidos. El segundo volumen no tuvo la acogida que tuvo el primero, Arturo Islas murió antes de concluir el tercer volumen.

- ¿Qué importancia ha tenido en tu vida como crítico el dar clases de literatura en la Universidad de Stanford?

-En la vida de un escritor, particularmente en la madurez, diría yo, el ambiente universitario es como un refugio, y pienso que el contacto con los estudiantes le da a uno cierto dinamismo, cierta visión de lo que está ocurriendo, mientras uno ha desarrollado gran parte de su obra. Y todo esto, junto, se transforma en una experiencia creativa, tanto para el profesor, como para el escritor, el crítico, el alumno. Ahora, hay que recordar que el escritor no es en un momento profesor, en otro momento crítico, en otro momento creador. Uno es todas estas cosas a la vez.

- ¿Qué impresiones te da la juventud como generación de relevo? ¿Existe tal cosa en la literatura latinoamericana?

-Hay algunos que piensan así. En la literatura latinoamericana se da con frecuencia la actitud parricida. Es decir, los jóvenes que al comenzar empiezan por negar a las generaciones anteriores. Yo creo que en el caso nuestro en Chile se han dado dos o quizás tres promociones en el siglo veinte. Desde el grupo con el cual yo me identifico en los años 1938-40 hasta la generación del 50, que con la antología que publicó Enrique Lafourcade, surgió de manera prominente. Pero hay autores que identificados con la generación del 50, muestran lazos muy hondos con la generación del 38 y otros con la generación que sigue. Tanto es así que uno ya siente –es mi caso- cierta reticencia al hablar de generaciones. Porque la generaciones no se producen todos los años ni cada cinco años. El término que se considera más justo es el que propuso Ortega y Gasset, el de 15 años para una nueva generación. Lo que sí me importa decir es que en las últimas promociones, tengo la impresión de que las innovaciones más importantes las han producido escritoras. Novelistas, cuentistas, poetas mujeres. En el caso de Chile es obvio. En los últimos 10, 15 años, y tal vez un poco más, la obra de nuestras escritoras ha producido cambios importantísimos y reconozco fácilmente dos o tres promociones que cuentan incluso con algunas figuras de dimensión internacional como es el caso de Isabel Allende. En todo caso, me refiero a novelistas y no quisiera dar nombres para no pecar de olvidadizo. Pero es evidente la importancia, la significación que ha tenido dentro del país y fuera de Chile la obra de estas escritoras. Además de esta promoción tan interesante y que ha producido innovaciones de tanto valor, reconozco la crítica. Y no me refiero sólo a la crítica periodística, sino a la crítica académica internacional. He publicado la primera parte de un ensayo que se llama La novela chilena del exilio interior. La primera parte apareció en una revista de USA y voy a leer fragmentos de la segunda parte en el Congreso al que voy a Santiago ahora en agosto. No les doy nombres de novelistas para no dar una impresión errada.

- ¿Cómo te sentiste cuando te dijeron que estabas postulando para el Premio Cervantes?

-Bueno, uno toma la actitud de que es muy bueno, pero que lo más probable es que no se lo den a uno. Pero el hecho de que lo postulen, eso –como dice un amigo mío- dura algo así como un mes.



¡Viva Chile M!...

Cuando al alba sale el huaso a destapar las estrellas
y, mojado de rocío, enciende el fuego en sus espuelas
Cuando el caballo colorado salta la barra del mar
y se estremece el lago con una lenta bruma de patos
Cuando cae el recio alerce y en sus ramas cae el cielo:
Digo con nostalgia ¡VIVA CHILE MIERDA!

Cuando el buzo ilumina su escafandra
y las ballenas se acercan a mamar en el vientre de las
lanchas
Cuando cae al fondo del océano la osamenta de la patria
y como vaca muerta la arrastra la ola milenaria
Cuando explota el carbón y se enciende la Antártida:
Digo pensativo ¡VIVA CHILE MIERDA!

Cuando se viene el invierno flotando en el Mapocho
Como un muerto atado con alambres, con flores y con tarros
y lo lamen los perros y se aleja embalsamado de gatos
Cuando se lleva un niño y otro niño dormidos en su escarcha
Y se va revolviendo sus grises ataúdes de saco:
Digo enfurecido ¡VIVA CHILE MIERDA!

Cuando en noche de luna crece una población callampa
Cuando se cae una escuela y se apaga una fábrica
Cuando fallece un puerto en el Norte y con arena
lo tapan
Cuando Santiago se apesta y se oxidan sus blancas
plazas
Cuando se jubila el vino y las viudas empeñan sus
casas:
Digo cabizbajo ¡VIVA CHILE MIERDA!

Me pregunto de repente y asombrado, por qué
diré Viva Chile Mierda y no Mier…mosa patria.
Quizás en mi ignorancia repito el eco de otro eco:
Viva dice el roto con la pepa de oro entre los dedos
Chile dice el viento al verde cielo de los ebrios
valles
Mierda responde el sapo a la vieja bruja de Talagante.

¿Qué problema tan profundo se esconde en las líneas
de mi mano?
¿Es mi país una ilusión que me sigue como la sombra
al perro?

¿No hay Viva entre nosotros sin su Mierda, compañeros?
La una para el esclavo, la otra para el encomendero,
La una para el que explota salitre, cobre, carbón,
ganado
La otra para el que vive su muerte subterránea
de minero.

Y como penamos y vivimos en pequeña faja de
abismo
Frente al vacío alguien gritó la maldición
primero.
¿Fue un soldado herido en la batalla de Rancagua?
¿Fue un marino en Angamos? ¿Un cabo en Cancha
Rayada?
¿Fue un huelguista en la Coruña? ¿Un puño cerrado
en San Gregorio?
¿O un pascuense desangrándose en la noche de sus playas?

¿No cantó el payador su soledad a lo divino
Y a lo humano se ahorcó con cuerdas de guitarra?
¿No siguió al Santísimo a caballo y a chuchillás
mantuvo al Diablo a raya?
¡Ah, qué empresa tan gigante para destino tan
menguado!
Entre nieve y mar, con toda el alma nos damos
contra un rumbo ya tapiado.

Por consecuencia en la mañana cuando Dios nos
desconoce
Cuando alzado a medianoche nos sacude un terremoto
Cuando el mar saquea nuestras casas y se esconde
entre los bosques,
Cuando Chile ya no puede estar seguro de sus mapas
Y cantamos como un gallo que ha de picar el sol en pedazos:
Digo con firmeza ¡VIVA CHILE MIERDA!

Y lo que digo es un grito de combate
Oración sin fin, voz de partida, fiero acicate
Espuelazo sangriento con las riendas al aire
Galopón del potro chileno a través de las edades
Es crujido de capas terrestres, anillo de fuego,
Vieja ola azul de claros témpanos pujantes.

¡País-Pájaro, raíz vegetal, rincón de donde el mundo
se cierra!
Quien lo grite no tendrá paz, caerá para seguir
adelante.
Y porque de isla en isla, del mar a la cordillera
De una soledad a otra, como de una estrella a
otra estrella
Nos irá aullando en los oídos la sentencia de la tierra:
Digo finalmente ¡VIVA CHILE MIERDA!




Del libro ¡Viva Chile M! 
de Fernando Alegría
Editorial Universitaria S.A
Tercera edición agosto de 1967



© Sonia M.Martin y Carolina Moroder



PARIALITERATURA: TEXTOS Y PRETEXTOS DEL RE-EXILIO, artículo de Sonia M.Martin, California 2004



Cristina Peri Rossi, escritora uruguaya, exiliada.




La figura del intelectual o del artista latinoamericano exiliado constituye una presencia frecuente en el panorama político y social del continente en el siglo veinte, adquiriendo en muchos casos características verdaderamente dramáticas cuando las contingencias de una dictadura o circunstancias políticas adversas han arrojado, masivamente, a un numeroso grupo de gente a vivir fuera de las fronteras de su país de origen. La diseminación del talento intelectual y de su aporte desde esa exterioridad a la que ha sido obligado a replegarse no ha sido suficientemente estudiada, en parte porque no se considera su existencia o porque, como quehacer de parias, no es incorporado a los anales académicos o al canon del país al que pertenece en origen. 


 Julio Cortázar, escritor argentino, exiliado.

Un doble ostracismo lo signa: el de su país y el de su voz individual. No es posible descartar un exilio interior, el de los intelectuales que permanecieron en el país y fueron —o son—silenciados por la censura, por la muerte o la cárcel. Pero aquí hablo de quienes se quedan fuera porque el tiempo no les ha dado la tregua del retorno o, quienes cuando vuelven, no pueden incorporarse —o reincorporarse— a su espacio porque las fronteras intelectuales se les cierran en las narices. Años de ausencia son castigados con silencio, resistencia interna, desconfianza. Los signa un nuevo exilio, vivido en el seno del territorio nacional. Algunos se vuelven a ir, resignados a un destierro irremediable, inevitable. Es el caso recurrente de quienes han realizado gran parte de su trabajo intelectual fuera de su país de origen y no han contado con la suerte de un éxito internacional que los respalde o de una institución que les brinde una oportunidad para hacerse escuchar. Escriben o crean desde el otro lado de las fronteras, teniendo como horizonte a un país desdibujado por la distancia y los años. 


Esta pérdida, sin embargo, es compensada por la ganancia del contacto con otras culturas o lenguas que les permiten visualizar, desde una perspectiva diferente, a su país de origen. No obstante, esta ganancia no siempre se revierte en una plusvalía intelectual, por el contrario. Muchas veces constituye más bien una desventaja para el exiliado o retornado que intenta encaminarse hacia el interior de las fronteras nacionales. Esto no deja de ser una paradoja en momentos cuando el tema de la nación se ha erigido, junto a los de género y raza, en uno de los tres baluartes de las teorías culturales tan supuestamente abiertas a incorporar a su mirada crítica a aquellas voces tradicionalmente silenciadas por el canon. Sin embargo, en algunos casos quienes sostienen esas posiciones teóricas son los primeros en alzar una sólida muralla frente a los que consideran intrusos u “outsider”. Sus motivaciones bien podrían barajarse desde la sensación de amenaza a perder su espacio personal, hasta la sospecha de que el otro no comparte su posición política o intelectual, sólo para mencionar algunas de otras muchas posibilidades. En cualquier caso, el cierre de las fronteras intelectuales hacia quienes escriben “en los bordes” resulta, por demás, una condena. El ostracismo no es patrimonio exclusivo de las dictaduras puesto que no necesariamente concluye con ellas.


Augusto Roa Bastos, escritor paraguayo, exiliado.


La historia de los parias de la literatura y del arte aún está por escribirse. La ventana que ellos han abierto con su aporte es inmensa y su mirada abarca los más diversos y remotos confines del mundo. Chilenos que escriben en Marruecos, argentinos que pintan en Taiwán, colombianos que crean música en Polonia, ecuatorianos que danzan en Australia, venezolanos que hacen cerámica en Japón. Es su trabajo el que les puede brindar a sus respectivos países la posibilidad de una apertura intelectual y de un diálogo de fronteras a través de una experiencia directa, vivenciada de manera cotidiana en otros horizontes. Ellos conforman el potencial fundamental de un importante sector intelectual que, en algún momento será incorporado al estudio y a la crítica porque sin ellos la historia de la literatura y del arte de las naciones latinoamericanas jamás estará completa.



California, 2004
Manifiesto escrito por tres escritoras y periodistas chilenas de California, Estados Unidos. Las otras dos escritoras por diversos motivos personales, no desean que aparezcan sus nombres.





SONIA M.MARTIN fotografías de danza






La escritora con el vestuario que utiliza para bailar danzas árabes, California julio 2011.




Con mis ojos...texto de Sonia M.Martin



Con mis ojos… soy Pacífica y desde aquí, miro el verano… un viento alisio por allí…con mis ojos… Desde aquí, el invierno como un águila en picada… desde aquí… Soy Pacifica y al cruzar el Golden Gate, miro mi océano que se encrespa y zangolotea con sus vientos que arrecian los puentes… El Océano Pacífico de esta orilla me entrega partículas de mi madre… sus cenizas quedaron  atrapadas en el Pacífico… de allí…El invierno cae en mi espalda… un águila envuelta en la camanchaca; con mis ojos veo a chilenas resumidas en unas pocas… con mis ojos… Amanda Labarca …  Olga Poblete… Elena Caffarena… Gabriela Mistral…  Winett, entre los Pablos… Con mis  ojos … aunadas… una araucaria… 



©Sonia M. Martin
  







Diminutos Atomos, de Sonia M. Martin





Dum,dum
dam,dum
dam,dum
suena
el milenario
tambor
iluminando
la cadencia
de mis caderas…
giran haciendo
un ocho vertical
El dam,dam
dum,dum
penetra en
mi sangre
estallando
miles de
diminutos  átomos
alborotando
mi dopamina,
mi oxitocina.
 
Mis caderas
suben y bajan
se agitan jadeantes,
conscupiscentes
acariciadas por
la cópula
voluptuosa
de la música;
mis brazos
como ondulantes
serpientes
buscan seducir
al amante
imaginario
que me
posee
a través
del milenario
son…
dum,dum
dam,dum
dam,dum, dam
Mi cintura
se agita
al compás 
del ancestral
son
Mi columna
verterbral
flexiona
movimientos
de cópulas
prehistóricas
Mis sensuales
 genes
esclavos
del milenario tambor
sueñan…
con el
profano
epicúreo…


©Sonia M. Martin
Del libro  
 “La Cadencia de mis Caderas
y el Arrullo del Tambor
Union City,  California 2011


THE LAMP / poem by Sonia M. Martin





For your love
I waited all my life
With a burning lamp.
Spring ended fast,
The Summer ran away,
And holding my lamp
Soon came Autumn.
Love...don't pronounce a word,
For your love
I waited all my life
With a burning lamp
That my quivering hand
caressed.
Now, winter is here
The lamp is no more,
Love don't pronounce a word
My life has faded away.


©Sonia M. Martin

Translated from Spanish by Olga Y. Mancinelli

I WILL NOT CRY , by Sonia M. Martin



I promise Love, I will not cry,
Why will I cry? Why?
I cried enough, today I will not cry.
Why will I cry?
This poem...
Like divine light I'll leave for you
In each stanza you will find love,
But to cry, why will I cry? Why?
It will be laughter in every line,
In each arpeggio my smile you'll find,
What a sacrilege!...To cry
Why will I cry?
I promise Love, I will not cry,
All my tears I gave away.
If I cried so much... today I won't do that
Why would I cry? For you? To cry again?

 
Sonia M. Martin
Translated from Spanish by Olga Y. Mancinelli

América Precolombina: Venus de Tacarigua, por Sonia M. Martin

Pocas figurillas precolombinas son tan encantadoras como la Venus de Tacarigua. Encontrada en los alrededores del Lago de Valencia en Venezuela, llama la atención por sus fuertes y decididas proporciones invocadoras de la sexualidad y la fertilidad. Esta hermosa pieza de cerámica es digna de estudio para comprender mejor a los primitivos pobladores de la región.

Es evidente su relación con la sexualidad por el trabajo del artista quien enfatiza caderas y sexo. Su relación con la fertilidad es más sutil y misteriosa, pero igualmente fascinante. En Venezuela --como en casi todas las civilizaciones del mundo-- el sapo y la rana conllevan un simbolismo de fertilidad. La Venus expresa esta idea a través de la máscara que sostiene frente a su cara con unas manos que parecen una mezcla entre humanas y aquellas de un batracio. Pero lo más evidente son los ojos, que saltan a la vista ante la observación más superficial. Estos ojos --que en arqueología se denominan "ojos de grano de café" (aunque el café fue traído desde los países árabes a través de los Conquistadores) -- son en realidad la característica más típica de estos animalitos.

Pero ¿por qué hacer esta rara combinación de elementos? En su mayor parte, la actividad artística en los pueblos primitivos se dedica a la elaboración de objetos ceremoniales, idolillos y oferentes que son utilizados en los rituales mágicos. En este contexto, las figurillas y oferentes adquieren contenidos simbólicos y son realizadas con una intención específica. Así, por ejemplo, la representación y posterior invocación de ciertos animales, como las ranas, anticipan y aseguran los fenómenos que representan. El animal representado tiene la función de "doble" con el hecho que simboliza. Por otra parte, el esquema de pensamiento indígena explica los acontecimientos relativos al ciclo vital del hombre (embarazo, nacimiento, pubertad, matrimonio, enfermedad, muerte) de modo  espontáneo, sin intelectualismo ni abstracciones. A diferencia del pensamiento racional --que busca una explicación causal de los hechos obedeciendo a ciertas leyes científicas--, el pensamiento mítico utiliza símbolos, más que conceptos, como fórmulas de interpretación del mundo. Este simbolismo se recoge bajo la forma del Mito, que constituye el relato de lo acontecido en los tiempos más remotos. Viene a conformar la pauta de la historia humana. Es un mensaje sagrado, revelado por los dioses, y significa la realidad por excelencia. De esta forma, los objetos de cerámica elaborados por estos hombres y mujeres tratan de imprimir una energía y fuerzas sobrenaturales, mágicas.

Venezuela tiene una fuerte tradición oral que explica muchos de estos fenómenos a través de sus mitos, que han sido recogidos en libros como "Mito de los Indios Yabarana" de J. Wilbert, "El sapo, ¿divinidad o engendro del diablo?" de Haydee Solano, y "Tauron Panton. Leyenda de los Indios Pemones" de C. Armellada. En ellos se cuentan diversas leyendas en las que sapos y ranas llenan el espacio mitológico y explican la creación del mundo con creatividad y candidez.

Dice Arturo Uslar Pietri --pensador y escritor venezolano-- de estas cerámicas cuando fueron expuestas a través de una exposición de fotografías en Caracas: "Lo más de estos objetos del indio, (...) tenían además de los usos utilitarios evidentes (...) o representaciones de la divinidad, todo un lenguaje simbólico incorporado en sus formas y en sus adornos, que permitía vislumbrar los valores espirituales y las creencias de aquellos primeros pobladores del territorio que ha llegado a ser el nuestro." Y añade que [esta exhibición] "es la revelación del refinamiento artístico de aquellos seres a quienes, con grave deformación de la perspectiva histórica, seguimos llamando primitivos o salvajes".

Estamos en total acuerdo con este gran pensador, quien observó a esta Venus con detenimiento y pudo ver más allá de su belleza: su encanto sin límites de tiempo o fronteras.


© Sonia M. Martin





La escritura y el compromiso con la maternidad, por Sonia M.Martin


En muchos trabajos académicos se han preguntado  qué habría sucedido con la obra literaria de Shakespeare, si éste hubiera sido mujer y madre. No lo dudes, aunque  no los hayas leído, esta obra tan interesante no existiría.

También se ha escrito mucho sobre la existencia y modo de vida de las hermanas de Cervantes, y aunque féminas muy fuera de su época, tampoco habríamos conocido las plumas de estas mujeres, por osadas y desvergonzadas que nos las muestren, si ellas hubieran sido madres y hubieran tenido la más remota ilusión de ser escritoras,  como su conocido hermano. 

Si tuvieron o no tuvieron talento literario, no lo sabremos jamás, porque mujer, escritura y maternidad no han acompañado jamás a las plumas femeninas de ninguna época y menos en el siglo cervantino. Aunque primero tendríamos que escribir un poco sobre el manido y socorrido instinto materno. ¿Realmente todas las mujeres tenemos instinto maternal? No. Claro que no. Tema para largos artículos y en éste que nos han encargado a nosotras, nos lleva por otros caminos de la maternidad: la de la mujer escritora y madre. O sea, la escritura y el compromiso de la maternidad.

El Club de Tobi
Parece una simpática broma que de cuando en cuando se usa para mostrar los lugares, profesiones o cosas que no podemos o no podíamos hacer las mujeres. Sólo para hombres o sólo para varones. En este caso, pues escribir y publicar. Porque una cosa es escribir y guardar lo que se escribe y otra muy distinta es tener la oportunidad de ser editada, promovida y publicitada. ¡Total! si hasta hace poco no teníamos alma, quién va a pensar que tenemos cerebro y menos talento para escribir. Esto, es cosa de machos. La sensibilidad femenina no cubre esta parte del cerebro, que es solamente patrimonio del Club de Tobi.

Las editoriales del pasado y muchas otras también en el presente, tienen un letrero con tinta invisible que dice  sólo para hombres  y así fue como muchas mujeres en la antigüedad -no tan antigua- escribieron con el nombre de sus esposos o amantes.

El compromiso de escribir y el socialismo feminista
Amandine Aurore Lucie Dupin, baronesa Dudevan, nació en París en 1804 y murió en Nohant en 1876. Nosotros la conocemos mejor  como George Sand. Con este nombre fue famosa en su época, tanto por su obra literaria, como por sus aventuras amorosas. 

George Sand  demostró que la escritura y el compromiso con la maternidad no iban con ella. Se casó a los 18 años, tuvo dos niños y a los nueve años de matrimonio, se fue a París a vivir con el escritor Jules Sandeau, de quien tomó el seudónimo con el que empezó a publicar. Era en ese entonces el año 1831 cuando abandonó a su marido y a sus hijos para participar con un grupo de distinguidos artistas como Balzac, Lizst y otros. Escribió junto con su amante dos novelas y se firmó por  un tiempo como Jules Sandeau. Al publicar su primera novela, Indiana, (1832) cambió  su nombre definitivamente a George Sand. Igualmente cambió los complicados vestidos femeninos  de su época, por el sencillo atuendo masculino que le era más cómodo y  barato, según sus propias declaraciones. Esta mujer liberada y liberal, fue famosa en su época y publicó con gran éxito. Fue amante de Musset, Didier y Gransagne. Su relación afectiva más importante fue con Frederic Chopin, a quien le cerró la puerta del dormitorio en la nariz, cuando se dio cuenta que no la dejaba escribir todo lo que ella necesitaba expresar en su obra. Cada día, mientras ella no hubiera escrito al menos 20 cuartillas a mano, no le abría la puerta del  dormitorio  y no hablaba con el músico. Ella nos muestra vivamente que sí existe en las mujeres el compromiso de escribir más allá da la maternidad, el amor y la pasión.
También tuvo compromiso con el socialismo  de la Revolución Francesa de 1848.

Sidonie Gabrielle Claudine Colette y el music-hall
Otro claro ejemplo es la también francesa  Colette, quien escribió una buena parte de la obra de su primer esposo, el escritor Henri Gauthier-Villars, quién firmó muy campante los libros,  sin mencionar a Colette, la que con el tiempo se separó del escritor, buscó el teatro  y el music-hall, como refugio y pasión de su vida,  para luego dedicarse a escribir con el conocido nombre de Colette. Igualmente fue famosa en su tiempo.  Esta autora no tuvo hijos o al menos en su biografía no figuran. Colette nació en Saint-Sauveur-en-Puisaye (Borgoña) en 1873. Murió en París en 1954. Larga sería la lista de las autoras de todos los tiempos y latitudes que podríamos nombrar y que dejaron todo por el compromiso de escribir. Pero más larga es la lista de quienes no han podido publicar mientras estuvieron ‘paridas’, ‘criando’,  o bien ‘terminando de educar a sus hijos’.

La Hormona del Abrazo
Poco o nada se habla aún de esta hormona –oxitocina- que se emite cuando una está recién parida o al terminar de hacer el amor. En este artículo sólo me referiré a esta hormona en relación a la recién parida. De ahí que vienen los dichos, ‘parece yegua parida’, ‘gallina con pollos’, ‘loba con cría’ y mil cosas más para calificar esta sabia respuesta de la naturaleza para la hembra recién parida o quizá el primer año de parida.  Toda mujer segrega esta hormona como protección al recién nacido. Sin embargo, es igualmente muy poco comprendida por la sociedad y en especial por el esposo, quien se pone celoso del bebé porque su mujer sólo tiene ojos para el recién nacido y a él ya no lo toma en cuenta. Se fue la amante,  para venir la madre, la que realmente no tiene compromiso con la escritura. Nuestra naturaleza es más fuerte que el compromiso de escribir.  En mi vida de feminista y editora de revistas feministas, jamás escuché o leí      que una recién parida dejara a su bebé para escribir un libro. La depresión post-parto y la Hormona del Abrazo, son dos temas de gran importancia en la vida de la mujer y poco se conoce de estos fenómenos que realmente son parte de nuestro  equilibrio ecológico. Quizá los últimos años, se habla algo más de la depresión post-parto, pero  poco o nada de la Hormona del Abrazo.

El compromiso de escribir…
Será, aunque sea en la mesa de la cocina, me han dicho muchas autoras, o bien sobre la propia cama, pero tengo que escribir…
He perdido la cuenta en mi vida de periodista y crítica literaria, de cuántas autoras entrevisté que me contaron cómo habían iniciado su vida de escritoras, pero recordaré a algunas que en este momento se me vienen a la memoria.

Fue en el año 83 que recibí un importante premio periodístico que me llevó a Europa y estando tan cerca de España, pues pasé a investigar un tema que en ese momento me apasionaba: la literatura erótica femenina. De este modo llegué al Playboy de España, en donde me dieron nombres de escritoras pornográficas y también de autoras eróticas. Sin embargo, la sorpresa me la llevé en Tusquets Editores, en donde la relacionadora pública me dijo ‘sí, tenemos a una escritora erótica y creo que es latinoamericana, argentina”. Y sacando un inmenso libro, encontró los datos de Susana Constante –1944- quien ganara en 1979,  el Premio La Sonrisa Vertical, con su libro La educación sentimental de la Señorita Sonia. Mi entrevista con Susana es muy sabrosa y jamás la olvidaré, justamente por ser la autora una bella y joven mujer, sencilla y sin nada de sexy. Me contó entre otras cosas, lo siguiente: ”me vine a España perseguida por los militares de mi país. Dejé a mi madre quien, consciente de su compromiso político, no se quiso venir conmigo a España, aunque sabía que la podían matar. Tengo dos niños pequeños. Llegué destrozada a Barcelona, pensando en la vida de mi madre. Escribí mi libro entre los juegos de mis hijos, mis quehaceres caseros y la terrible depresión del cambio de país, el exilio y todo lo que esto significa. Levantaba la mesa del desayuno y ponía la máquina de escribir. Empezaba mi trabajo, mientras tenía que levantar las piernas y los pies a cada rato, con los juegos y juguetes de mis hijos. Así escribí La educación sentimental de la Señorita Sonia. Terminé el libro y me olvidé de él. Tenía demasiados problemas para preocuparme de su destino, más importante eran mis hijos y el sobrevivir en un país nuevo para mí y mi familia. Mi esposo lo llevó al concurso de Tusquets sin comentarme nada  y gané el premio sin saberlo”.
Juzguen ustedes si Susana tenía o no tenía compromiso con la escritura y con la maternidad.

Noche en vela
Es el título de una de las tantas novelas de Rima de Vallbona, escritora  nacida en San José de Costa Rica. A esta escritora le hice una entrevista de más de 20 horas, ya que su larga trayectoria académica y literaria lo ameritan.

Pero ella es una de las autoras que más admiración me han causado por su lucha para lograr sus éxitos académicos y literarios. Casi nadie habla o escribe sobre Rima. A nadie se le ha ocurrido nombrarla para el Premio Cervantes por la magnitud de su obra. No obstante, la historia de Rima es la de la mujer que nació con la escritura y el compromiso de la maternidad. Se casó con un médico español que trabajaba en Texas y con él tuvo cuatro hijas. En un país como Estados Unidos, cuyo sistema de vida no reconoce a la empleada doméstica, Rima se las arregló para ser madre, académica, estudianta, escritora y amante esposa de un gran y exigente machista.

¿Que cómo lo hizo? Es interesante escuchar a Rima en esta larga entrevista que le hice. Para este artículo nos basta saber que ella sí supo de este compromiso con la escritura y la maternidad. Pero es bueno comentar algo de su vida académica. Ha formado parte del claustro de profesores de la Universidad de St. Thomas (Houston, Texas) desde el año 1964. A partir de 1989 se le otorgó el rango de Catedrática de Español de la Fundación Cullen y al jubilarse en el verano de 1995, se le dio el título de Catedrática Emérita.

Su obra académica y de ficción son muy importantes para la Literatura Latinoamericana. Mujer de gran talento, Rima en lo personal me impresionó por la vida que llevó para poder escribir y no así para publicar, porque en este aspecto, esta autora costarricense tuvo respuesta favorable desde sus primeros libros con sus editores. Sin embargo, su obra en nuestros países casi no se conoce y qué decir en los Estados Unidos, no la he visto en librerías aunque sus libros continúan editándose, así como ella publica nuevos títulos cada cierto tiempo. Otra vez es el lector o la lectora, quien debe juzgar si en esta autora la escritura o el compromiso con la maternidad fue más fuerte.

La madre de Paula
Fue un día cálido de noviembre, que crucé con Carolina Moroder, mi hija escritora y periodista, el puente Golden Gate, para llegar a Corte Madera a una librería de la zona  a encontrarnos con la madre de Paula. Llegó puntual como siempre, puesto que esta mujer y madre es muy cortés con la prensa. Venía sin maquillaje, apurada, pálida y con olor a medicamentos. Nos saludó muy cariñosa, ella es chilena como mi hija y como yo. Nos sentamos en una mesa a tomar café y ella nos dijo “ les di la entrevista, pero lo que les voy a contar no quiero que mis lectores lo sepan todavía. Estoy muy mal, porque mi hija Paula está en coma desde hace un año. Vivo sólo para ella. No puedo escribir…”

El resto de esta historia no es necesario contarla, Isabel Allende la ha contado más de mil veces, mejor de lo que yo podría hacerlo. Aunque Isabel Allende pronto publicó su biografía, Paula, en el período que le tocó ser madre de Paula enferma, ella solamente tuvo un compromiso: ser madre. Es verdad que muy rápidamente escribió su libro Paula, su mejor libro. Como crítica literaria pienso que con Paula, Isabel comenzó a ser realmente una gran escritora. Una autora como todo artista que tiene buenos y malos libros, pero con Paula fue madre y también escritora. Estimo que cumplió perfectamente bien con el lema: la escritura y el compromiso de la maternidad.

Mi hija la escritora, mi nieta la escritora y Daniela
Carolina y yo creamos el webzine Daniela, una mujer sin fronteras, porque queríamos trabajar las dos, mas una de nosotras se tenía que quedar en la casa para cuidar a Gabriela que había nacido hacía poco tiempo. Así fue como iniciamos este proyecto de un magazine feminista y bilingüe, español-inglés, aunando nuestras profesiones estudiadas desde diferentes perspectivas. Yo estudié en Latinoamérica periodismo y Carolina en los Estados Unidos. 

Luego de un estudio de mercado, decidimos que las mujeres hispanas no tenían quién las representara y así nació Daniela. El nombre se lo puse yo “democráticamente”, pues recientemente había nacido mi segunda nieta, Daniela, que es venezolana. Y tanto Carolina como yo, luego de vivir en Venezuela muchos años –y  también en otros países- llegamos a la conclusión, que las venezolanas son feministas natas, en algunos aspectos. Así, llegamos a ser pioneras en la Internet con este estilo de periodismo y con nuestro webzine. No obstante, lo más importante de este proyecto, era el compromiso de la mujer para lograr sus metas profesionales, sin abandonar el compromiso con la maternidad. Ese era nuestro leitmotiv.

Logramos nuestras metas, no sin antes sacar fotos en camisa de dormir junto a  Gabriela en pañales o en pijama, jugando entre las computadoras, los archivos, mientras Carolina y yo teníamos una reunión de trabajo a las diez o doce de la noche o a las siete de la mañana, mientras Gabriela era amamantada por su mamá. Aclaro que en ese entonces yo vivía en la casa de Carolina con mi esposo, lo que nos facilitó ciertas cosas. Las mañanas y las noches,  eran parecidas, ya que entre pelar verduras, hacer camas y comida o lavar ropa, teníamos nuestras serias y sesudas reuniones de entrepreneur femeninas, cuyas metas eran entender cómo una madre puede editar una revista  o periódico, escribir, entrevistar, cuidar los niños, la casa, trabajar y ganar dinero al mismo tiempo. 

Quizá  algún día escribamos nuestra historia completa, ya que pasaron muchas cosas que por ahora no las escribiré, pero algunas se las contaré en estas páginas. Se unió a nuestro grupo una periodista mexicana, Guadalupe Bellavance. Ella estaba recién casadita y venía con todo el ímpetu de desarrollar su carrera en la Unión Americana. Pronto ella también estaría embarazada, así es que hicimos un buen equipo. A este staff de locas madres decididas a romper fronteras –por algo se llama el webzine ‘una mujer sin fronteras’, se unió Lorena Wolfman, quien nos embarcó en la aventura  de la red y ella fue nuestra Editora en Internet. 
Lorena era soltera y una de las pocas mujeres webmaster en la red de aquella época. La historia no terminó bien. Lorena se casó y ella asumió todo el compromiso matrimonial de su nueva familia y no pudo seguir con Daniela. Carolina se quedó embarazada de su segundo niño y Guadalupe que ya había tenido una niña en el transcurso de esta aventura de Daniela, una mujer sin fronteras, ahora estaba embarazada otra vez. De ser Jaca Negra/Daniela en nuestro url, cambiamos a Daniela Web Press,  en donde sólo tenemos un webzine y todos los otros que se publicaron en Jaca Negra, se perdieron…la maternidad no nos permitió seguir con este webzine que fue modelo pionero en la Web del periodismo feminista bilingüe español-inglés. 

De esta aventura podemos decir todas, que fuimos un excelente equipo que disfrutó con el trabajo que realizábamos cada una y nos  sacrificamos todas con la mayor alegría y sabemos que se puede lograr la meta, pero se necesita algo más que amor y mística para el periodismo, la web y la familia. Aún recuerdo los celos de Robert, esposo de Guadalupe, cuando teníamos que hablar y hablar por teléfono por una entrevista o editando un artículo a las once de la noche o más tarde aún, cuando ellos estaban hacía muy poco tiempo casados o cuando Alejandra, la primera niña de ambos, necesitaba para dormir a su mamá… Siempre le dimos las gracias a Robert, Juan, Romeo y José –nuestros esposos- por la paciencia y el apoyo que nos dieron en aquellos años. No fueron ellos el impedimento, fue el compromiso con la maternidad y el dinero que nos hizo falta para desarrollar mejor el proyecto. Los bancos no hacen prestámos a mujeres con compromisos de la maternidad, ellos son como las editoriales para publicar a las escritoras.

En lo personal, creo que tanto Carolina como yo sacamos algo muy positivo y que nos llena de orgullo. Carolina tiene una hija escritora, Gabriela, quien siempre se saca premios literarios en su colegio y yo disfruto con orgullo por tener una nieta escritora. Creo que ella no tomaba leche del pecho de su mamá, sino que se alimentó con tinta y letras de molde;  nació con la pluma en la mano y es ya una pequeña escritora quien escribe sus novelas y cuentos desde que tiene siete años. En estos momentos ella proyecta una obra de teatro. Gabriela muestra que tiene un compromiso con la escritura que nace de ella sola, talento literario y un gran futuro en su país de nacimiento como escritora.

Mis circunstancias y las de  Carolina
Tengo que escribir primero mis circunstancias y luego las de Carolina, porque yo soy su mamá y empecé a escribir antes que ella. Como mis nietos, Elke, Daniela, Gabriela y Juan Francisco, y también Carolina,  yo empecé a escribir a los siete años. Escribí cuento, poesía, narrativa y teatro, el que escenificaba con unos amigos sobre un  banco de cemento que era parte del comedor de verano  que había en el jardín de la casa de mis abuelos, en Chile, en donde yo crecí. Como era un comedor de cemento teníamos que adaptarnos para tener escenario y asientos para el público. Poníamos un cordel entre dos árboles y yo le  robaba a mi madre o a mi abuela, una sábana para hacerla de telón. Allí se presentaron mis primeras obras de teatro en las que fui dramaturga, directora y actriz. Obras las que nunca más se representaron en ninguna parte. Mi madre, escritora y poeta principalmente, me enseñó a amar el teatro, los libros y en especial la poesía. Pero aberraba de mis versos, aunque cada día, mientras ella me peinaba, me decía un poema de ella o de otro autor y yo debía contestarle con mi propio poema. Siempre terminó mal este taller poético, porque a mi madre no le gustaba mi poesía. Ella era romántica y siempre me reprochó en mi infancia de ‘escribir’ como Neruda y Tagore, poetas que a ella jamás le gustaron… Con los años, en el colegio en Chile, me enteré  quién era Pablo Neruda, con quien mi madre me comparaba; y por mis lecturas personales, supe quién era Tagore. Aún veo el dedo acusador de mi madre a mis escasos dos o tres años, cuando me decía “¿de dónde sacas esas poesías como las de Neruda y Tagore?…” En verdad que no tengo idea de dónde salían. Lo que sí tengo muy en claro, es que jamás me consideraré una poeta, aunque escribo poesía y hasta tengo dos libros publicados. Uno cuando aún no sabía “escribir” y que mi madre publicó con los poemas que yo le decía mientras ella me peinaba y el otro que publiqué en Estados Unidos, dedicado a mis nietos. Este libro en especial se lo escribí a Elke, mi nieta mayor y   se titula La Carroza de Cristal.

Escribí y escribí en un Chile de los años ´70 que fue mi generación, en donde no tuve cabida en las editoriales por un lado, sólo por el hecho de ser mujer y expresarme de otra manera. La maternidad en su momento fue un impedimento para mí solamente durante la época de la Hormona del Abrazo. En mi vida tuve la suerte de tener tres mujeres, más o menos de mi edad, que trabajaban en mi casa de la cual yo me pude despreocupar, pero aun así, con el apoyo por un lado de Alicia, que hacía de dueña de casa y  de su hermana Lucila, la niñera y de Isabel, que era la niña de mano, la maternidad y luego los niños en el colegio, no son precisamente un regalito el cual uno deja en cualquier parte. Las obligaciones con el dentista, el oculista, las clases de danza, de deportes, las clases particulares, las clases de piano, los cumpleaños propios y de los amiguitos, no dejan espacio para escribir. Sin embargo, recuerdo que pude escribir cuentos y cuentos, teatro y ensayos, además de mi manía de escribir poemas en todas partes. Mientras estudiaba arte y ya mis hijos eran escolares de todo el día en el colegio, un día le mostré a mi profesor de pintura un ensayo sobre el amor. El maestro se  fascinó con este ensayo y así me acostumbré que cada vez que iba a clases llevaba ensayos o cuentos que hicieron el deleite de mi profesor de pintura y de mis compañeros de clase. Pero de editar, nada. En esa época vino el Golpe Militar en Chile y mis proyectos como autora quedaron en la basura. En especial en mi caso, que siempre he sido una autora comprometida. Hasta en mis cuentos o novelas en donde escribo muchas veces con humor e ironía, el compromiso político para mí era y es primordial. Quizá porque en mi época si no escribías como Sartre o Camus, no eras autor/a y nadie te tomaba en cuenta. Y así fue también como llegó a mis manos un novela de Simone de Beauvoir, Memorias de una joven formal. Esta novela me dio aliento para escribir sin pensar en Sartre y aun escribiendo con compromiso, escribir con mi propio lenguaje y puntos de vista de mujer. Gracias, Simone.

Vivir sin Chile o vivir con Pinochet
Elegí vivir sin Chile y al tomar esta decisión, como muchos autores y autoras sureñas, producto de la Guerra Sucia de nuestro continente, nuestras plumas tuvieron que guardar silencio, mientras el país que nos dio albergue nos daba espacio en sus editoriales. De esta manera es que un día llegué con una novela bajo el brazo a conversar con el director del Centro Rómulo Gallegos en Caracas, Venezuela. En ese momento era su director el escritor Oswaldo Trejo, hombre cincuentón que recientemente había publicado en Monte Ávila Editores una noveleta de la que no recuerdo el nombre. En ese momento de mi vida, yo estaba lejos de la cuarentena, pero Trejo me dijo que yo ya era muy vieja para publicar un primer libro como era ése que llevaba en mis manos. Así es que partí con mi manuscrito bajo el brazo, editorial por editorial y la respuesta era ”¿por que no publicas en Chile?”, esto no tiene nada que ver con Venezuela”.

Confundida entre maternidad, problemas de género, nacionalidad y política, mi generación de escritoras se las vio con muchos problemas para escribir y publicar, yo fui una más de esta generación. El exilio no solamente fue político, sino que interior también.

Una vez más, la escritura y el compromiso de la maternidad
Aunque mi corazón es venezolano, dejé el país tropical cuando la más pequeña de mis hijas me dijo que estaba embarazada. De esta manera mi esposo y yo decidimos que la familia debería estar junta y nos vinimos a California con nuestras hijas casadas aquí. Así llegó Elke al mundo y yo me dediqué a cuidarla como si fuera mi hija, al tiempo que en las noches escribía y escribía. Luego fue mi otra hija quien se quedó embarazada y el cuento siguió con Gabriela. 

Además mis dos hijas, luego  terminaron sus postgrados embarazadas de sus segundos hijos y ambas tuvieron sus bebés con tres días de diferencia. Como pude ayudé a la crianza de Katja y de Alejandro, que ya tienen cinco años. Y en todos estos  años no me ha sido sencillo escribir y tratar de promocionar mis libros, mi compromiso es una vez más con mi maternidad. Siempre fui una autora nocturna, escribo de noche, en donde encuentro la paz y el silencio que el día no me permite, pero no sé si es que me acostumbré a escribir a estas horas porque los niños ya están durmiendo y como les dije siempre a mis hijos y nietos, “niños estoy creando, no estoy haciendo longanizas, por favor déjenme tranquila y sola”. En Caracas me acostumbré a poner un letrero en la puerta de mi estudio que decía: “No molestar”. Mis hijos en esa época eran adolescentes y ese letrero los sujetaba de ir a cada rato a preguntar algo diferente. También fue el ‘detente’ de mi esposo y de las mujeres de servicio. Simplemente no atendía a nadie cuando este letrero estaba en el pomo de la puerta de mi estudio.

Ahora, en mi casa, sola con mi esposo, también trabajo en horario nocturno, porque durante el día no tengo paz para crear; la escritura y el compromiso de la maternidad para mí, feminista convencida desde la cuna, es una realidad. Sufrí la Hormona del Abrazo, la depresión post-parto y soy una madre estilo judeo-española, en relación a mi maternidad. Para mí la maternidad y el ser abuela es un compromiso tan potente como escribir. No he sido como Rima de Vallbona a quien admiro, pero sí me di maña para escribir con hijos de todas las edades, con nietos y con el empeño de ser esposa y amante que es otro cuento aparte. No obstante todos nuestros obstáculos, creo firmemente en las escritoras y en sus diversos talentos literarios, que no son ni mejor ni peor que los masculinos, sino que diferentes. Viva esa diferencia que me permitió ser madre y abuela, además de darme la oportunidad de escribir como mi madre, mi hija y mis nietas, con una visión diferente del mundo.

Las dudas de Carolina y su eterno cansancio
Esperé a Carolina para escribir este artículo y hoy, finalmente, decidí escribirlo por mi cuenta. Como soy su mamá, puedo darme el lujo de decir que es una escritora de gran talento, pero que su compromiso con la maternidad no le permite escribir. Su día es entero para sus hijos y su casa, auque yo también de alguna manera soy parte de sus obligaciones. Manejar durante todo el día llevando a sus niños o al colegio o a los campos de verano en esta temporada o las clases de karate que cada niño la tiene a una hora distinta y en días diferentes, al dentista y mil detalles más del compromiso con la maternidad, que  aún no le permiten abocarse a su compromiso con la escritura. Ella cuenta que tenía siete años cuando despertó de un sueño en donde supo que sería escritora… Y sabe que eso será así… Le pican las manos el día entero de ganas de escribir, pero llegada la noche ya no ve de cansancio y se duerme rendida con su compromiso materno.

Todo mi apoyo maternal y de abuela dispuesta a todo para que ella escriba, no son suficientes para darle espacio a la escritora que hay en Carolina, es más fuerte su compromiso con la maternidad… Opinen los y las lectores/as si realmente existe este conflicto de la mujer con la escritura y el compromiso de la maternidad.

© Sonia M.Martin




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